Por Bernardino Vásquez González.


Hace unos meses nos tocó despedir “El talón” de un compañero del GAP, si un talón, ahí estaba su familia y sus valientes compañeros del dispositivo presidencial y esa pieza ósea es lo único que se logró identificar, lo único que no pudieron borrar; el talón de Juan José Montiglio Murúa. Militante del Partido Socialista. Estudiante Universitario de Biología y Jefe de la Guardia Presidencial GAP. Juan José tenía 24 años de edad a la fecha de su detención, era casado y tenía dos hijos.

Es por eso, por el valor que significa para una familia poseer un resto de lo que fue una persona, un ser humano que vivió, amó y acompañó hasta el último momento al Presidente -también mártir- Salvador Allende Gossens. Es por eso que no podemos comprender que hayan restos óseos en una bolsa de plástico, sin ningún cuidado, sin preocuparse de lo difícil que es mantener un vestigio en mínimas condiciones, donde la esperanza es eliminada por el descuido y la falta de empatía hacia el valor del recuerdo de cualquier otro ser humano.

Es difícil creer en la explicación dada, que les dijeran que eran de otra época (larga data o arquelógicos) o de animales, si así fuera: ¿Por qué no entregarlos a equipos antropológicos? ¿Por qué no entregarlos a personas competentes? ¿Por qué guardarlos en un oscuro cajón por más de 20 años?

Esos restos óseos son de alguien, si fueran de activistas políticos sería terrible. Si no lo fueran, es igual, no solo los activistas merecen ese respeto, todo ser humano lo merece. Miles de familias son las que han buscado piezas dentales, incluso trozos de ropas, botones en rieles, restos óseos u osamentas, para quien busca, cualquier vestigio sirve, sean estos de un diputado, empresario, obrero, estudiante o indigente, todos tienen derecho a encontrar una señal que recuerde a un ser amado.

Y es esto lo que nos convoca a exigir toda la verdad, no explicaciones corporativas a media. No vamos a permitir que por exigirlo nos acusen de destructores de organizaciones. Muchos de nosotros solo por amor a los otros, hemos dado toda la vida para acompañar a quienes transitan el largo camino de la búsqueda. Miles somos los que no teniendo familiares directos ejecutados o desaparecidos, hemos hecho piel ese dolor y esas angustias, y es por un motivo mayor, es porque creemos firmemente en el proceso social que ellos amaron y en el que miles fueron arrancados de la tierra y sus colores. Es por amor a un sueño, a la utopía de creer en un mundo mejor, donde la verdad y la justicia son el motor que nos convoca, nos antecede y nos marca el camino a recorrer.

Y es por esto que, estaremos atentos y expectantes esperando que toda la verdad salga a la luz y que ojalá sea una luz bella y que la identificación de esos restos nos ayude a abrazar el dolor de ese alguien que aún espera.

Bernardino Vásquez – Trio Memorial.
(Bervagón)


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