Por Trinidad Lathrop Leiva: La labor de Tribunales

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La gente suele desilusionarse por las condenas en juicios mediáticos. Siempre las expectativas están por sobre la realidad que impone la ley, y creo que eso parte de un error en el uso del lenguaje, que se comete habitualmente hasta en las escuelas de Derecho.


Se dice que los jueces deben hacer justicia, cuando la potestad de los jueces es la de administrar justicia. Y hay una diferencia importante en eso.

¿Cómo podría un juez “hacer” justicia? ¿Dándole al procesado lo que merece?

¿Qué merece un tipo que viola y asesina a un niño?

Muchos pensarán que lo que merece es que lo violen y asesinen. Otros pensarán que merece la pena de muerte. Otros, que matarlo es poco, que debe sufrir en la cárcel el resto de su vida y salir de ahí en ataúd. Y podríamos pasarnos semanas buscando una condena “merecida” para el criminal condenado.

Porque sin duda, el concepto de “hacer justicia” no es igual para todos, ni siquiera para todos los jueces. Entonces la suerte del condenado dependería de qué juez lleva su causa. Lo que sin duda vulnera el derecho a la igualdad ante la ley.

No podemos preguntarle a los ciudadanos qué pena les parece “merecida” porque la ciudadanía se entera por los medios y obviamente, se entera de lo detalles más violentos y escabrosos, porque eso permite a la prensa vender. Lo vimos tristemente en el caso de Nabila Rifo, que hasta el examen ginecológico fue expuesto en TV. Sin embargo se omite la información que no vende y que en un juicio puede ser trascendental: qué pruebas se exhiben, qué valor probatorio tiene cada una de ellas, qué atenuantes o agravantes deben ser consideradas por los jueces o rechazadas porque no corresponden, etc.

La ciudadanía toma parte en la medida que simpatiza con la persona víctima o con el condenado, a quien creen inocente o justifican por la causa que defienden.

Para evitar todo esto, la ley le otorga al juez un rango de pena que debe aplicar. Obligatoriamente debe ceñirse a ese rango y, cuando se pasa o queda corto, los tribunales superiores anulan el fallo.

No me cabe duda que la mayoría de los jueces quisieran colgar de un poste en la Plaza de Armas a muchos pedófilos, asesinos, violadores… porque sienten, legítimamente, que eso merecen, que eso sería justo. Con qué ganas les pondríamos ratones en el trasero a varios de Punta Peuco… ¿no? Podemos pensar que lo merecen, que sería justo, porque es el mismo trato que dieron ellos a much@s de sus detenid@s en dictadura. Pero no es legal.

Suele asumirse además, que la delincuencia es responsabilidad de los jueces, del poder judicial, cuando es un problema político que debe ser resuelto con políticas públicas.

En los lugares donde las penas son más altas, cada año hay más condenados. O sea, la pena alta o la poca exigencia de pruebas para condenar, no ayuda a evitar delitos.

Por otra parte, es bastante obvio el hecho de que no ayuda a disminuir la delincuencia una instancia que actúa después de cometido el delito.

Es habitual escuchar: que se pudra en la cárcel. O sea, que muera en prisión. Lo que es esencialmente injusto.
Un adolescente que comete un delito grave podría estar 70 años preso antes de morir, un adulto de 50 que comete el mismo delito tendría una pena más baja.

El Derecho Penal anterior a las grandes revoluciones, era así. Encerraban a un tipo en la Torre de Londres hasta que se moría ahí.

El Derecho Penal moderno busca la seguridad jurídica. Qué pena corresponde a qué acción considerada delito.

Entonces ¿por qué la frustración cuando se aplica la ley?

De fondo, creo que está el hecho de que se usa el extremo más suave para los favorecidos del sistema, y el más duro para los más pobres. Lo que en Chile, a estas alturas, es indiscutible.

Otra razón, tal vez, es que se analiza el delito por el efecto causado.

Sustraer especies o dinero de alguien implica que esa persona fue privada de lo que le pertenecía y que le costó adquirir.

Pero no todas las sustracciones son iguales. Algunas veces hay violencia, otras engaño, otras veces hay una planificación y una banda completa cometiendo el delito, etc. Pero los delitos, mayormente, se describen por la acción cometida y la intención, no por el efecto causado.

Matar por accidente no es igual que matar después de planificarlo por semanas, o torturar a la víctima ante de asesinarla. Aunque el resultado sea el mismo. Por tanto, siendo acciones distintas, tienen penas distintas.

Pero sigo creyendo que el tema de las expectativas de la comunidad pasa más por un tema de vocabulario: esta idea de que el juez debe hacer justicia induce a error. El juez no está para eso.

El juez debe administrar justicia. Como decía antes, debe poner en marcha el proceso penal, dirigirlo para que se mantenga dentro de lo que ordena la ley, y emitir un fallo según lo que la ley señala.

Por eso los fallos citan cada ley utilizada al fallar. Y esa parte del fallo es muy larga porque el juez debe justificar, con una norma, cada decisión que toma. Por qué desestimó una prueba, por qué anuló o consideró un testimonio, por qué consideró algunas agravantes o atenuantes en cada caso, y por qué otorgó cierta pena y no otra.

Y obviamente, las opiniones al respecto serán diversas. Porque el criterio de lo que es justo es diverso. Mas no así el criterio de lo que es legal. Eso ya está escrito.

El juez puede querer matar al condenado, pero debe ceñirse a la ley.

Recuerden eso cuando vean un fallo: el juez administró justicia, hizo el juicio conforme a la ley. Si les parece que hizo justicia o no, es una opinión, que vale solo como tal.

Eso sí, recomiendo esperar para eso el fallo de las Cortes, que son bastante más cuidadosas con la ley, por regla general, con excepciones vergonzosas (como el fallo contra Karen Atala, por ejemplo).

Pero recuerden siempre que es el Poder Judicial el que garantiza y protege nuestros derechos. Y cuando digo nuestros, incluyo a quienes han cometidos crímenes. La declaración de derechos humanos rige para todos.

Es cosa de mirar lo que pasó cuando el Poder Judicial estuvo de la mano con al dictadura. Rechazan recursos de Amparo y estaban torturando a esas personas a cuadras de los tribunales.

Vimos como los ministros puestos en sus cargos por el dictador aseguraron la completa impunidad en crímenes horrorosos y recién se están abriendo de a poco espacios de justicia.

El desprestigio al Poder Judicial nos deja indefensos. Y no es casual. Y me preocupa más ahora, cuando hay en juicio causas importantes contra mapuches y la derecha presiona.
Hay que estar atentos.


Trinidad Lathrop Leiva


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