Por Rodrigo Salinas Corona


Los que tienen 40 o más como yo que crecieron viendo Los Simpson y aquellos fanáticos de los monos amarillos recordarán ese capítulo donde los personajes de los comerciales se transformaban en grandes monstruos que destruían todo a su paso y que solo fueron derrotados cuando Lisa y Paul Anka crearon una canción pidiéndole a la gente que no los miraran: “Just don’t look” (simplemente no mires)….decía el jingle mientras los monstruos se caían por no tener la atención de la audiencia.

Los ochenteros recordarán a Los Gremlins, esas hermosas criaturas que al ser alimentadas después de la medianoche se transformaban en monstruos detestables capaces de destruir todo lo construido. O en un ejemplo más moderno, tal vez sepan que en la segunda temporada de Stranger Things, Dustin -el niño simpático de la serie-  guarda un pequeño ser que al ser protegido y alimentado, se transforma en una tremenda y poderosa bestia que se vuelve contra todo…y todos. Pido disculpas por algún spoiler.

Pero bueno, esta no es una crítica televisiva ni un artículo sobre cine. Tampoco es una nota nostálgica de series de televisión. Es un consejo. Uno que necesitamos con urgencia: Alimentar pequeños reptiles nos llevará irremediablemente a escapar de uno más fuerte y poderoso del que alguna vez fue. Alimentar el ego y las ambiciones políticas de un personaje también nos puede llevar a ser los devorados. Por si alguien aún no cae en cuenta, hablo de José Antonio Kast: Un reptil pequeño, que crecerá si no hacemos nada para evitarlo.

El “fenómeno” Kast se puede transformar en un dolor de cabeza para quienes queremos de este país un lugar con más justicia social y económica. Ya se ha vuelto una espina incrustada para temas aún sensibles como la reparación a familiares de Detenidos Desaparecidos, la memoria histórica de un Chile que aún sufre las consecuencias de un golpe de estado ocurrido hace casi 45 años, la división de una sociedad. La derechización de nuestro Chile se debe a variados factores: arribismo, individualismo, miedo, ignorancia, indiferencia. Todos ellos son alimentos para monstruos.

He visto jóvenes adoptando la bandera de un personaje de ultra derecha que alaba a un dictador y defiende a un “multicondenado” por violaciones a los Derechos Humanos como Krassnoff. El pensamiento de ese joven no es una coincidencia. Ese joven escucha a una familia en la sobremesa. Ese joven va a votar algún día. Porque él sí irá en algún domingo a poner su marca por un personaje como Kast, no solo porque el gremlin fue alimentado a sus anchas, sino porque hay una disciplina detrás. Ese joven es el Dustin de Stranger Things. Pero acá no hay escritores, hay realidades. Aquí no podríamos cambiar de canal.

De alguna forma, la funa que recibió Kast en el norte fue el alimento después de medianoche que Kast no debía recibir. La foto retuiteada es la “condena social” que lejos de afectarlo le da más poder y presencia en los medios, hace que hablemos de él. Lo volvemos visible.

¿Cómo nos deshacemos de un gorgon que crece cada día más gracias a nosotros mismos? ¿Cómo le quitamos el poder mediático que le estamos dando a este fiel representante del fascismo? ¿Cómo hacer para que este hombre, que no es nada más que un provocador sonriente, deje de aparecer en los medios como si fuera un fantasma buscando atención?

Ignorarlo es una opción. Dejar de ser parte de su maquinaria gratuita de publicidad, también. Educar al futuro votante suena mejor. Ir a votar cuando corresponda, lo ideal.

Que en su próxima conferencia no haya funas, ni gente esperándolo: Que haya un aula casi vacía. Que su próxima foto con un tarado de poleras provocadoras solo recorra el círculo vicioso de la estupidez y deshumanidad de sus seguidores más acérrimos.  Que su próxima declaración contra la memoria de un país que aún tiene heridas sin cicatrizar sean polvo en el viento.

Educar a nuestros jóvenes y sacar la espada contra la ignorancia son armas que requieren calibrarse con entusiasmo y dedicación. Partamos, por hoy, haciendo caso al jingle de Lisa y Paul Anka.


Rodrigo Salinas Corona

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