Una mujer escribió una carta abierta en relación a un embarazo. El Mostrador la publicó y se viralizó ampliamente en redes sociales.


El texto completo, a continuación:

“Qué vergüenza. He leído tanta estupidez, he escuchado tanta estupidez en mi trabajo sobre este tema, he tenido que soportar tantas faltas a la verdad y tanta desinformación al respecto que me siento emplazada a contar mi experiencia.

Yo fui mamá en el colegio, tenía 16 años y claramente, no se trató de algo planificado. Mi familia, en un gesto de amor (espero que esa haya sido la motivación y no la “vergüenza” de que la niña se haya embarazado), fue a buscarme un día al colegio, sin previo aviso, para llevarme a la consulta de un doctor “amigo” , “cercano a la familia” , que me podía “ayudar”.

Nadie lo dijo explícitamente en el camino, pero sí me dijeron que se trataba de algo ambulatorio, súper rápido, seguro, indoloro y que no tendría consecuencias en mi cuerpo. Además, me aseguraron discreción.

El aborto no se concretó porque obvio, no contaron con el pequeño detalle de que yo no quería abortar y así se lo tuve que expresar al doctor para que no procediera. Cada loco con su tema, yo no estaba preparada ni para ser mamá, ni para abortar; y en un esfuerzo por tratar de saber cuáles eran mis fortalezas y límites (algo súper improvisado y forzado a los 16 años), tomé la decisión de tener a mi hijo, porque me sentí con más herramientas para enfrentar esa situación que un aborto, porque abortar es algo sumamente difícil metánselo en la cabeza por favor, nadie se hace abortos mientras carretea. Me pone contenta saber que no me equivoqué.

Es eso y nada más lo que se está formulando en este proyecto de ley. Esa posibilidad que yo tuve, por iniciativa privada, hacerla extensiva a todas, bajo las mismas condiciones que se me ofrecieron: algo súper rápido, ambulatorio, indoloro, sin consecuencias para mi cuerpo y con discreción y respeto, sin opinólogos robando aire.

Esa posibilidad existía en las consultas privadas hace 17 años atrás, así que por favor, vayan a vender el procedimiento “peligroso, doloroso, con terribles consecuencias para el resto de tu vida” a otro lado. Vayan y peguen esas fotos de fetos destrozados y chupándose el dedo en sus diarios de vida con vuelitos, porque 17 años atrás la oferta era “una pastillita no más que te ponen en el útero y botas todo solita”.


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