Por Claudia Amigo 


Imagínense que hoy día mismo, el Estado chileno les negara la filiación a los hombres heterosexuales a ser legalmente padres de sus propios hijos e hijas, es decir que fuera ilegal que ellos pudiesen:

  • Contar con tener su nombre en el certificado de nacimiento de sus hijos
  • Inscribir a sus propios hijos en el Registro Civil, en su libreta de matrimonio, en la de la Unión Civil
  • Poder tenerlos como carga en su asignación familiar en Fonasa y en sus Cajas de Compensación
  • Poder viajar fuera del país con sus hijos, sin que antes les obligaran a explicar la naturaleza de su relación con los niños o niñas, ya que él no es nadie para ellos en lo legal. Por ende tener que contar con el permiso de la madre legal de sus hijos.
  • Contar en todo el aspecto educacional a través de las distintas etapas escolares de sus hijos comenzando con la de pre-escolar.
  • Criar en conjunto con la mamá a sus hijos, amarlos, respetarlos trabajar duramente a la par con su compañera de vida y luego no poder garantizarle absolutamente nada como herencia a sus hijos.
  • Si llegaran a separarse con su compañera de vida, quedar en tierra de nadie la relación paterna con sus hijos, ya que es ilegal, que no pudiera contar con ninguna obligación, ni la mera posibilidad de ejercer el derecho en lo absoluto de pedir visitas regulares, ni de brindar protección a través de alimentos para sus propios hijos.
  • Que la permanencia de él con sus hijos dependiera únicamente del juez en caso de fallecimiento de la madre.
  • Que los hombres, padres heterosexuales, llegaran hasta la vejez, sin identidad alguna como padres, ni tampoco sus niños como sus hijos, nuevamente sin la posibilidad de ejercer ningún derecho para garantizar que sus hijos puedan tener voz y voto con respecto a las decisiones médicas y de cuidado que tendrían que tomar cuando ya su propio padre ilegal, invisible y un nadie para el Estado chileno, pueda tener una vejez digna.
  • Que en el caso que sus propios hijos que aún no son legalmente reconocidos como tal, construyan familias, tengan hijos e hijas, pero que esos niños o niñas nunca sean legalmente reconocidos como nietos y luego se repite ese mismo ciclo violento que ejerce un Estado sesgado por proteger a un solo concepto de familia.
  • Nuevamente atropellando no tan sólo los derechos inherentes de los padres heterosexuales, pero más grave aún de sus hijos e hijas, de sus nietos o nietas, bisnietas o bisnietos y la del resto de sus familias extensivas y todo bajo el pretexto de proteger a la familia, a un solo tipo de familia, la matriarcal.

Bueno, no vivimos bajo un sistema legal matriarcal, aunque la gran mayoría de las familias son matriarcas, ya que somos las mujeres, seamos heterosexuales, lesbianas, bisexuales, seamos cisgénero o transgénero, somos las pilares de nuestras familias, somos en la mayoría de los casos, quienes trabajamos mucho más para sacar adelante a nuestros hijos, nuestras hijas y nuestros hijes.

Las madres lesbianas, bisexuales, trans y los padres trans, sin si quiera contar con una identidad de género aún, somos quienes vivimos día tras día las vulneraciones antes mencionadas y sin apoyo transversal de la sociedad, de la política, del Estado y ni siquiera del mismo movimiento gay que mayoritariamente sólo lucha por su agenda propia y negocia la limitación de nuestros derechos con proyectos de ley que tardan años en si quiera verse y que son pactados para incomodar lo menos posible a este sistema patriarca.

Si nuestro país fuera matriarcal, sin lugar a duda, las madres lesbianas, bi, trans, los padres trans y nuestros hijxs ya contaríamos con derechos de filiación hace dos décadas ya. Incluso en el momento que tanto se celebró, el año 1998, cuando se erradicó la distinción que violentaba a los hijos que el Estado patriarca ilegitimizó por 104 años con su Código Civil patriarcal de patrón de fundo, en un sistema matriarcal, los hijos, las hijas y les hijes hubieran sido también incluídos en esa reforma.

Si este país fuera matriarcal, hoy en día no estaríamos luchando para no tan sólo sacar adelante con mucho esfuerzo a nuestras hijas, hijes e hijos, sino que lo estaríamos haciendo con todas de la ley. No habría ningún niño, niña, niñe y adolescente sin sus derechos de filiación con respecto a ambas madres o padres LGBTIQ.

Pero este país, como muchos, funciona como patrón de fundo, y en el no hay cabida para las familias lesbomaternales, transparentales ni homoparentales. Seremos nosotras las obstinadas quienes abriremos el camino para que el patrón de fundo no pueda legalmente seguir atropellando los derechos de nuestras familias.

En el Día Internacional de la Equidad de las Familias, como Familia es Familia, le enviamos mucha fuerza, energía de perseverancia para cada familia enfrentada a las variables violaciones de derechos humanos que deben vivir día tras día. Les decimos que ¡Sí son y siempre han sido familias merecedoras de todos sus derechos! Y que lucharemos hasta el cansancio por estos derechos en especial y primordialmente de nuestros hijxs.


Claudia Amigo


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