El sensible momento de María José Quintanilla

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María José Quintanilla siempre recuerda con mucho amor a su padre. En 2008 falleció luego de una larga batalla contra la poliartritis reumatoide, una enfermedad inflamatoria que afecta a las articulaciones.


La cantante logró estar con él 17 años, en los cuales aprendió cosas que hoy mantiene con cariño y no duda en resaltar en público.

Este jueves, en el Mucho Gusto, se dio una instancia de reflexión donde todos los animadores y panelistas lloraron recordando momentos claves en su vida. Para la cantante de música mexicana, el legado de su padre fue fundamental y lo recordó entre lágrimas. Mire lo que dijo:

María José Quintanilla: “Bueno, todos saben que mi padre está en mi corazón siempre. Pero yo también he tenido muchas pérdidas a lo largo de la vida. Muchos amigos han partido. Entonces, soy una de las que ha aprendido a golpes, a decir ‘te quiero, te amo’. Pero yo tengo un compromiso. No me sobo la vida, sino que me despido de todos. Y no tiene que ser por WhatsApp, tiene que ser con ir a verlos. Soy la que se encarga del WhatsApp al día del cumpleaños de la mamá, porque también soy la que no tiene hijos, está soltera.

“Pero hay días en que… Un segundo (aguanta la pena), me gustaría preguntarle (al padre) ‘¿lo estoy haciendo bien?’, ‘¿estará orgulloso?’”.

Lucho Jara: “¿Lo que sientes es paz, calma, o hay un poquito de incertidumbre? Uno siempre sabe”

Quintanilla: “A ver, yo siento que él estaría orgulloso de la mujer, porque tenemos un compromiso de que, pase lo que pase, yo tener que cumplir ciertas conductas. Y creo que las hago. Ustedes me ven llegar en la mañana y pongo música, soy alegre, y quizás por dentro no estoy tan contenta. Pero ese fue un trato,, que una persona puede cambiar el círculo, y esa es como misión últimamente. O sea, yo llego aquí siempre con una disposición alegre, muy positiva. Quizás no todos los días estoy así. Pero la vida me regaló 17 años, porque cuando yo tenía 1, mi papá se enfermó. Me regaló un hombre que, pese a que no podía bañarse con agüita helada, se metía igual a la piscina a bromear. Y después estaba una semana en cama y no se podía parar.

“Me regaló un hombre que, quizás cuando yo entré a la tele, podía haberse aprovechado, podía haber dejado de trabajar, y no lo hizo. Me regaló innumerables huidas a carretes sin que mi mamá se enterara, y complicidad máxima. Y si hay algo que aprendí es que la sonrisa es el motor del día”.


Fuente: Glamorama – Carlos Zúñiga


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