AFP


Tras el retiro de Diego Maradona, el mundo se preguntó cuánto tardaría en ver algo igual. La respuesta no tardó en llegar, en forma de un pequeño chico de Rosario que creció en Barcelona hasta convertirse en el mejor jugador del mundo. Argentina respiró tranquila y se frotó las manos. Una década después, la generación Messi puede haberse despedido con más pena que gloria.

Y esto era impensable no hace tanto. Maradona llevó a su equipo al título en el Mundial de México 1986 rodeado de Jorge Burruchaga, Jorge Valdano y Óscar Ruggeri.

En 1991, en Chile, y en 1993, en Ecuador, Gabriel Batistuta, junto a Diego Simeone, le dio a su selección absoluta los últimos títulos de sus vitrinas.

A partir de entonces, la nada. Y eso que en 2008, una “Pulga” rodeada de Javier Mascherano, Sergio Agüero, Ángel Di María o Éver Banega se colgó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

Lo que sobre el papel era una generación dorada, una llamada a liderar a la Albiceleste a sus tiempos de mayor bonanza, comandada por el Maradona contemporáneo, se marcha de vacío.

En Alemania 2006 y Sudáfrica 2010, los germanos acabaron con sus esperanzas en cuartos de final. En Brasil 2014, de nuevo su bestia negra dejó a Messi sin su preciada copa en la final, con un gol de Mario Gotze en la prórroga.

En la Copa América, Chile hizo lo propio en 2015 y 2016 en la última instancia. 25 años de sequía, a pesar de contar con una generación tan talentosa como otra cualquiera.


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